Mi amigo Ximo lleva razón: el tiempo se nos escapa inexorablemente de entre las manos y cada día que pasa es un día que ya no vuelve. Tempus fugit irreparabile –dice fraseando las Geórgicas de Virgilio-, y añade: día que no escribes, día que retrasas tu novela.
Cuando tomaba las imágenes de este time-lapse, pensaba en Ximo Andrés, en su tempus fugit irreparabile; mientras tanto, en Beniarrés volteaban festivas las campanas.
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