La semana pasada, las altas presiones abrieron un paréntesis invernal; fueron días calmos, neblinosos, de rocíos mañaneros y tardes apacibles, de almendros floridos y noches húmedas.

Días de poda, tranquilos, de quema de rastrojos; noches de búhos, sonoras, de gatos en celo. Febrero resiste los envites de la primavera y los chopos aprietan sus yemas en espera de las heladas que aún tendrán que llegar.
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El barranco de la Encantada es siempre un espectáculo: en otoño, bajo la lluvia, de noche, oculto en la niebla…

Cualquier vestido de luz le sienta bien a la Mora: el crepuscular, el selénico, el difuso…

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Que maravilla ¡¡¡….preciosas fotos y un lugar con mucha magia…
Un saludito,
Es que l'Encantà es fotogénica