Ahora que el cielo amenaza lluvia, que la luz se muestra sombría, que el otoño ha desnudado las choperas y saucedas en las riberas de nuestros ríos y barrancos, se presenta una buena oportunidad para patear el monte y mostrar nuestros parajes desde otro punto de vista. Mejor resultaría si las lluvias hubieran sido más generosas y las aguas, en vez de calmas, se mostraran bravías. O no, porque a falta de corrientes turbulentas, buena resulta la macilenta hojarasca sobre el suelo o las espejadas aguas de nuestras pozas donde las riberas se miran.
¿A quién extraña que tan natural belleza guste reflejarse en un espejo de aguas tranquilas?
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Tampoco debe desdeñarse el embrujo que ofrecen las noches estrelladas. Ahora que las temperaturas han descendido, se presenta una buena oportunidad para fotografiar los cielos con tomas de alta sensibilidad lumínica y corto tiempo de exposición.
Ciertamente, el lugar está encantado.
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